Los gritos racistas
en los estadios o escenarios deportivos han sido una constante en España.
Jugadores de raza negra e incluso de otras nacionalidades han recibido ofensas
en repetidas ocasiones por parte de los hinchas enardecidos que ante un
resultado adverso o un gol en contra, lanzan insultos y ofensas que traspasan
los límites de la rivalidad deportiva. Lo que sucedió con el piloto inglés
Lewis Hamilton en la pista de Montmeló reavivó las críticas en el mundo por
esta situación.
El fútbol también ha vivido numerosos episodios, algunos no demasiado
lejanos. Entre ellos los insultos recibidos por Samuel Eto’o
en La Romareda durante la disputa del Zaragoza-Barcelona en el año 2006. Eto’o
hizo saber a su entrenador que no jugaría más pero tanto el árbitro como su
entrenador le hicieron replantearse la decisión. Un hecho que se ha repetido
con varios jugadores en distintos campos de las ligas europeas, especialmente
en el caso del jugador italiano de origen nigeriano Mario Balotelli que incluso llegó a amenazar con
enfrentarse a los aficionados si recibía insultos en la Eurocopa de Polonia y
Ucrania en 2012. Estos episodios se repiten cada cierto tiempo en la liga
española con murmullos o insultos a jugadores de raza negra y el último en
sufrirlo ha sido el defensa del FC Barcelona Dani
Alves,
que salió airoso ridiculizando a quién le lanzó un plátano al campo. Y es que,
aunque el racismo y la xenofobia cada vez parecen más olvidados, cada cierto
tiempo vuelven a aparecer en los titulares para hacernos recordar que tampoco
en el deporte está totalmente superado.
Pero no sólo hay
racismo contra jugadores del equipo rival. Los propios aficionados han
protagonizados graves casos hacía alguno de sus jugadores. En Zaragoza,
Chilavert sufrió la discriminación de parte de la afición maña. Cada vez que
saltaba al campo, recuerda el arquero paraguayo, le llamaban
"sudaca". El colombiano Freddy Rincón, que llegó al Madrid en 1995,
también lo sufrió en sus propias carnes. Tras los malos resultados del equipo
se encontró con pintadas en el Bernabéu que decían "fuera, negro de mierda".
No sólo en el fútbol
se han vivido casos de racismo. La Fórmula 1 vivió en Montmeló un episodio
negro en lo que se refiere a esta lacra social. El piloto de McLaren Lewis
Hamilton sufrió actitudes racistas por parte de algunos aficionados congregados
en el circuito catalán. Unos hechos que dieron la vuelta al mundo y que
obligaron al propio circuito tomar medidas extraordinarias para que no se
volvieran a repetir. Además, la FIA preparó varias campañas contra el racismo
en España. Sin embargo, tantos esfuerzos no sirvieron de mucho, ya que un año
después el británico volvió a ser increpado y abucheado en Montmeló.
Sin embargo, no hay
que olvidar que, frente las malas noticias, siempre han existido gestos que ya
forman parte de la historia en la lucha contra el racismo en el deporte.
Cassius Clay sufrió en sus propias carnes la hostilidad por el color de su piel
Es un dato para la esperanza que nunca habría que olvidar. Ocurrió en los
Juegos Olímpicos de México 68, los atletas afroamericanos Tommie Smith y John
Carlos aprovecharon sus puestos de podio para levantar sus puños con guantes
negros haciendo publicidad del "Black Power" ("Poder
Negro") como una señal de repudio a los acontecimientos racistas que
vivían en Estados Unidos. Fueron desclasificados, pero siempre serán los
protagonistas del gesto más emblemático de la lucha contra el racismo en el
deporte.
Cassius Clay, la
mayor leyenda del boxeo mundial, sufrió en sus propias carnes la hostilidad por
el color de su piel. Cuenta en sus memorias que un día quiso comer junto a su
amigo Ronnie King en un restaurante de Louisville, su ciudad natal en Kentucky.
Entraron en un restaurante 'solo' para blancos y la camarera se negó a
servirles. Decepcionado, arrojó al río Ohio la medalla de oro que había ganado
en los Juegos Olímpicos de Roma 60. Posteriormente, considerando que su país le
había dado la espalda, decidió convertirse al Islam y adoptar su nombre por el
de Muhammad Alí.
Según la Oficina de
las Naciones Unidas sobre el Deporte para el Desarrollo y la Paz,
las actividades deportivas bien concebidas, las que incorporan los mejores
valores del deporte, la autodisciplina, el respeto al adversario, el juego
limpio y el trabajo en equipo, pueden ayudar a integrar a los grupos marginados
y enseñar a las personas los valores necesarios para prevenir y resolver
tensiones y conflictos sociales.






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